La mente me ha dado un aviso. Ayer, sentí el horror sordo de la locura. Se difuminó la línea que separaba la realidad y el pensamiento y se abrumaron los sentidos que proveían la claridad, que poco a poco me he encargado de dinamitar.
Exhaustivo, desesperado y angustioso análisis constante y recurrente, corrección pretendida de la misma esencia de la persona; parches que tapan cual opioide transformando en cohibición las disforias, excusas y silencio estoico tapando la necesidad de afecto.
Un sistema consciente de su decrepitud. La memoria en ruinas. Lo he perdido todo, estoy perdiendo a todos.
Me he perdido la vida