Vaya, la realidad cambia a pasos agigantados, cada vez más voluntad de colaboración, más florece la humanidad, y no precisamente acompaña el contexto.
Se nota en el ambiente y en el trato humano más cercanía, miradas de complicidad y apoyo mutuo; sinceramente, mi vocabulario se queda corto respecto a las formas de generosidad que descubro día a día en mi entorno, pero simplemente, esto llena, de alegría y esperanza.
El despertar del género humano, dormido por ver la vida como mercancía, abre las puertas a la conquista de la libertad, y apaga el brillo del individualismo; cambia el paradigma y cambia las mentes, y desentierra utopías sepultadas por la maquinaria de la estigmatización.
Y esa voluntad de mejora, de apoyo al hermano del género humano, esa eliminación del relativismo que enquista y erosiona la solidaridad humana, y esa emoción que asalta a todo aquel que siente y participa del despertar, surge cuando se está produciendo el mayor drama humano desde hace 70 años.
Pero la tristeza de la realidad material no debe jamás apesadumbrar a las personas, no puede apagar el proceso de negación de lo supuestamente inevitable que por suerte o por desgracia esa misma tristeza ha generado; debe ser la llama que prenda las ganas de seguir, debe ser aliento y furia de los oprimidos que por sí mismos luchan contra la desnaturalización de la vida;
Debe ser en definitiva, causa para esta esperanza naciente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario